Patán, sexy y con tatuajes a flor de piel, es el típico ‘gamín’ que amamos rehabilitar. Aquel que nunca nos llama, ni responde nuestras llamadas. Nos presenta como su “amiguita” delante de sus amigos, pero bajo cuerda nos hipnotiza con su masculinidad.
Ese, el que evapora seducción y cinismo, del que nunca nos aburrimos, y en el peor de los casos, nos involucramos sentimentalmente para luego salir llorando. Ese es el ‘gamín’ que amamos rehabilitar. Aquel que nos seduce con miradas, nos toca con pasión y nos vuelve locas de un día para otro.
La diferencia entre un caballero y un ‘gamín’, radica en que el primero siempre empieza con un detalle. Una rosa, una salida a cine, una tarjeta y varias llamadas en el día, hasta que conquista nuestro corazón. El ‘gamín’ no. Empieza de atrás hacia adelante. Prefiere conquistar nuestro oído para luego meternos en la cama, y termina con una llamada al mes siguiente, esperando otra vez vernos dispuestas a seguir con su juego. Por este mismo hecho, el caballero debería ser siempre la primera opción, pero es aquí en donde nuestro instinto de gata salvaje, sale a la luz y preferimos tener una aventura con este hombre alto, guapo y barbado.
Cuando conocemos un hombre de buena familia, caballeroso y hasta inteligente que nos abre la puerta del taxi, nos invita a cenar y nos lleva a la casa, inmediatamente nos sentimos atraídas por las mil y una cualidades que este sujeto pueda tener, y hasta imagínarnos una vida con él con perro incluido. La gran diferencia del hombre caballeroso con el “gamín”, es que al último no le gusta la monotonía, es arriesgado y no repite los mismos sitios.
Y no es que el “gamín” sea el típico hombre con el pelo largo y jeans ajustados, lo que pasa es que este tipo de hombre visualmente nos llama la atención por su sexy estilo y por su modo de vida, atrayendo a cualquier mujer así únicamente diga “No va a pasar nada de lo que tú no quieres que pase”.
Ese tipo de hombre, que te conquista no contestándote las llamadas, ignorándote por Facebook y, en el peor de los casos, si estás en una fiesta o tienes amigos en común hace como si no te conociera, te parece más sexy aún. Y tú, aún dadas las circunstancias piensas que por lo tanto, no te vio, no se enteró de tus llamadas perdidas y que por supuesto, está ocupado “trabajando” y no pudo verte.
Lo peor de todo esto es que las mujeres también somos masoquistas. Nos gusta que nos hagan esperar y sean rogados. Pero ojo, el rehabilitar gamines no es esperar a que el man te llame seis meses después, o que se vean cuando llega de vacaciones. Rehabilitar gamines significa, sacar la gata salvaje que llevamos dentro, ponerlo todo sobre la mesa, así un mes después estemos llorando por lo que pudo ser.
Es por eso, y mujeres admitámoslo “Nos gusta rehabilitar gamines”. Soñamos con que ese hombre que nos llama todos los viernes después de la nueve de la noche, nos gaste una cena romántica, nos invite a cine y por qué no, nos presente a sus padres.
Y es verdad, todas queremos un príncipe azul, ya sea turquesa o aguamarina, porque en el fondo, queremos tener una relación seria, nos encanta el romanticismo y preferimos mil veces un hombre caballeroso y atento, que uno que sexualmente nos puede dar lo que queremos cada fin de semana.
De aquí que si estás rehabilitando un “gamín”, ten en cuenta hasta donde puedes llegar. El no involucrar sentimientos también hace parte del juego. Ten otros “amiguitos” si lo deseas, y no rehabilites gamines porque sí. Disfruta todo lo que puede darte este sujeto, y aprovecha su experiencia para futuras relaciones y noviazgos.

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