Un día estando en mi computadora, recibí una solicitud de amistad, y me pregunte, ¿Quién querrá ser mi amigo? No es que nadie me quiera y me alegre ver una pinche solicitud de amistad en mi Facebook, pero si eres tan farándula como yo, y recibes 5 solicitudes diarias, sabes a lo que me refiero, el cuento es que… Cuando vi el nombre del susodicho, no me asombre, es más, miré el nombre y reaccione “wtf”, en otras palabras ¡Qué putas! diciendo en mi mente. Sé que es un caricaturista que apenas está cogiendo fama, porque cabe resaltar que aún es joven y bello, pero espérese cuando este personaje esté en las grandes ligas, le cuento un cuento oyó, (Ojalá y no cambie). Todo comenzó con un:
Él: -¿Y si me paso por la Ponti, a qué me vas a invitar?
Yo: - ¿Un café estaría bien?
Empezamos hablar, y poco a poco entendí su desespero por salir, HUIR de la casa-prisión en la que estaba, pensaba. -Pobresito, no tiene con quién salir. Obviamente NO era así, lo que pasa es que uno de mujer se emociona de arraticos, creyendo, “Hay tan lindo, me hablo, hay tan lindo si me dice eso es porque bla bla bla”, MENTIRA, eso es una vil mentira que nuestras mentes románticas nos hacen creer, pero señoritas ¡Hay que ser realistas!. La idea era que este señor que pinta bonito, tenía no sé cuántas horas libres en la universidad, y las 73 veces que había quedado en tomarse un café con alguien nunca lo hacía, así que le parecía una buena excusa para tomarlo conmigo.
Me acuerdo la noche en la que hablamos, nos reímos y discutimos las horas libres para ver si el destino confabulaba a nuestro favor. La vaina era que la verdad yo en el fondo, muy en el fondo no quería preguntar si tenía o no amigos en Cali, porque siendo sincera me daba como penita, pero me arriesgue y le lance la pregunta en cuestión. Mentira, no fue así. Quería saber si tenía amigos, era como tan increíble creer, que alguien tan brillante o genio como él dice, no tuviera amigos en esta ciudad. Es más, yo me preguntaba, ¿Por lo menos tiene que conocer a los amigos de su hermano?, para darse un tour por la ciudad y comer aborrajado.
Yo: -Y tú, ¿Aquí en Cali no tienes amigos?
Él: -JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA Bis.
Él no lo supo pero mi reacción fue, ¿Ve y a éste, qué bicho le picó?. Les juro que me sentí mal, juré que no volvería hacer una pregunta TAN TONTA como esa. No entendía el porqué de su risa, y me decía a mí misma, “Haber Isabel Cristina, si se está riendo es porque es verdad, BINGO”. Lo pensé no lo niego, pero era casi imposible que este caricaturista no tuviera amigos, IMPOSIBLE. Y yo no iba hacer la porrista, “animadora” de sus horas libres detrás de la cafetería central. Así que le pedí disculpas de mil maneras, y estaba dispuesta a decirle, veámonos ya y te juro que no volveré a preguntar algo tan estúpido. En realidad no era tan estúpido, solo que él no supo interpretar bien las cosas porque no es comunicador (Jajajaja mentira querido, si lees esto solo quería darle un toque de humor).
El caso es que nos vimos en la reunión de la revista de la facultad, nos miramos las caras, los ojos, los labios, el cuerpo, o bueno por lo menos yo sí lo hice. Y me pareció interesante e inteligente, un punto a mi favor. Pero no sé, yo creo que ese cafecito ya se enfrío. Y a la hora del té, me pregunto ¿Por qué será que los hombres para entablar una conversación tienen que hacerse los interesantes, o en su defecto colocar palabras bonitas en una frase para que suene mejor? No sé si esté juzgando o no, sólo hemos hablado un par de palabras, y preguntas es lo que tengo. Es más, si llegamos a tomar ese café tan anhelado, juro por el diccionario de la Real Academia Española, que le preguntaré por qué me hiso sentir tan mal con su risa, que hasta él en ese momento me confesó que era de verdad. No le vi la gracia, pero pensé “Así son los hombres”.
Por ahora, quiero tomarme uno, dos y hasta tres cafés con él, porque no se ve igual que los demás, y puede ser hasta interesante hablar con un caricaturista, al fin y al cabo algo debemos de tener en común, y nada sucede porque sí. Moraleja de la historia, “Nunca preguntes a un hombre cosas insignificantes, tal vez puedas arruinar lo que en un futuro podría ser, sino sabe interpretar bien las cosas”.
