19 ago 2015

El amor en tiempos de Tinder: Experiencia de una conquista tinderiana


Todo comenzó cuando lo conocí en tinder... Bueno la verdad me metí como todo el mundo coloquialmente dice, "Para conocer personas"... "Nada personal"... pero ¡No! La verdad es que todas las personas que se meten a este tipo de aplicaciones saben lo que puede pasar. Y sí, conocí a alguien que hasta ahora nunca me había movido el piso tan rápido en tres meses.

Empezamos hablar dos, tres días entre semana, tal cual cuando empiezas a conocer a alguien, pero a través de una app al alcance de tu mano.

Esta persona en cuestión fue diferente a las que conocí en esta aplicación, porque fue directo al grano diciéndome lo que quería. No le bastó unas semanas para endulzarme el oído y proceder con sus deseos sexuales que pudieron haber sido recíprocos. Porque ojo señores, pedir eso en la primera cita es un error ¡gravísimo!

Claro está que yo como mujer me hice respetar, y las primeras semanas me hice la digna, tratando que entendiera que quería conocerlo más y hasta por qué no, comernos un helado en un parque un domingo en la tarde.

Pasado el tiempo, unas semanas después, seguimos hablando hasta que se dio la oportunidad de vernos una vez más. Me llamó, y me dijo que si podía pasar por mi apartamento, que quería verme un rato. Obviamente la noticia me emocionó y dije ¿Por qué no?

Al entrar a mi apartamento sin más ni menos fue directo al grano. Me agarró por la cintura, me subió la blusa hasta mi sostén y empezó a dejarse llevar desaforadamente al ritmo de su respiración. Todas las mujeres entendemos que los hombres por naturaleza tienen necesidades, ¿Pero no pueden hacer un preámbulo de las cosas un poco mejor? A nosotras también nos gusta que un hombre apasionado nos bese antes de subirnos a una montaña rusa.

Juro por lo más sagrado que sentí miedo. Mi inconsciente no reaccionaba, no sabía qué hacer, cómo actuar, qué decir, quería que él se detuviera al ver que sus movimientos de cadera no eran correspondidos con los míos. Pero a veces piensas bien las cosas, y así como los hombres también lloran, las mujeres también tenemos necesidades sexuales, así que me dejé llevar.

Esa noche cuando todo pasó, le pedí que me acompañara a la tienda y me fumé un cigarrillo. Y mientras él me contaba cosas sobre su vida cotidiana, y sus partidos de basketball con gringos incluídos, lo pensé una, dos y tres veces mientras lo miraba fijamente, y concluí que no era lo que yo buscaba. Cabe aclarar que no quería una relación seria, pero tampoco quería un juguete sexual cada vez que yo estuviera sola en mi apartamento un sábado en la noche.

El fin de semana siguiente me llamó, pero no tenía ganas de hablarle, no quería ni verlo, aunque en el fondo empezaba a sentir algo por mi conquista tinderiana, poco a poco y muy lentamente. Así que quise empezar a sentir y abrirle mi corazón, implorándole que se quedara un fin de semana conmigo, en mi cama, a mi lado. Que amaneciéramos juntos, así no hiciésemos el amor, y que me hiciera el desayuno con sus maravillosos dotes culinarios, quería más de él, así como cuando me besaba en la frente cuando cenábamos pasta sentados en el sofá de la sala, cuando yo llegaba de trabajar.

Pero lo que pasó en las semanas siguientes fue tétrico, y hasta ahora nunca me había pasado con alguien. Las conversaciones hasta la una de la mañana por discusiones, no nos llevaban a ningún “Pereira”. En ese momento, cuando todo ya estaba acabando, yo empezaba a sentir algo, y mi corazón empezaba a latir cada vez que me hablaba al celular. Pese a eso, parecíamos estar en una novela mexicana, palabras como "Yo no te importo", "Por qué piensas eso", "Tú eres la que no entiende," eran recurrentes cada vez más.

En mi último intento, mentí. Le dije que estaba con alguien, que se alejará para no herirme, ¡pero fue peor! Siguió ahí y me buscaba aún más. Y ahí es cuando te das cuenta que perdiste el año. Sabes que ya te tragaste, porque así en el fondo hayas mentido, te duele ver cuando suena tu celular y ves un mensaje de esa persona por whatsaap tratando de solucionar las cosas, aún sabiendo que el final no iba a ser el más adecuado.

A pesar de todo, creo que al final no fue un desgraciado, por no decir otra cosa. No sé si él lea este artículo, pero cabe aclarar que si hubo un sentimiento de mi parte aunque no pareciera. Y lo acepto, fui una mierda al principio, lo traté como nunca había tratado a un hombre, pero también sé que no puedes tratar de pretender conocer a una persona, solo por un par de conversaciones por una app.

Tinder no es una aplicación para todo el mundo. Así como hay historias con un final feliz, también hay finales que te dejan incertidumbres, no por tener el corazón roto, sino por conocer personas que sabes que en el fondo valen la pena, pero que por circunstancias y situaciones, no son lo que tú esperabas.