6 feb 2014

CUANDO EL ARROCITO EN BAJO SE CONVIERTE EN PROSPECTO



Las mujeres generalmente no tienen arroces en bajos, pavos o amiguitas clandestinas como los hombres. Si se llega a tener uno de estos, es porque a la mujer le gusta y existe la posibilidad de tener algo con él, en un futuro.

Es por eso que cuando salimos a una cita con alguien, llámese salir a comer, tomar algo o simplemente a conversar en un sitio público, existirán una serie de pruebas, conversaciones y demás cosas que las mujeres emplearan, para detectar si él es adecuado o no.

En cierta situación de la vida las mujeres eligen estar con una persona que puede ser denominada como el “Arrocito en bajo”, que en ocasiones se vuelve gratificante o desinteresante, parecido al plato que vas a comer en la cena, pero que después te das cuenta que solo sirve para volverlo a calentar, o en el peor de los casos regalar a alguien que no tiene nada que comer. De todas maneras, si después de cierto tiempo, este arroz en bajo se estabiliza y combina perfectamente con todos tus planes y la vida que llevas en el momento, es el indicado para intentarlo.

Si una mujer es prevenida, seguramente ella pondrá una que otra trampa cual juego de Mario Bros, hasta llegar a la torre donde se encuentra la princesa para rescatarla. Esta serie de pruebas, atajos y saltos con Yoshi incluido, será la clave para saber si sabe escalar y atravesar todo tipo de obstáculos, a fin de conquistar su corazón.

Por supuesto ella experimentará toda clase de alegría y emoción cual zoológico en su estomago, pero al mismo tiempo sentirá miedo de volver a vivir tristezas de meses o años anteriores. Por lo cual, como cualquier mujer que marca territorio, llevará al límite esa conversación o cita, y ocultará las ganas de abrazar y besar a esa persona mientras le habla, sin demostrar desinterés e indiferencia con tal de analizar todas las posibilidades que tiene con el arrocito en bajo.

Por algún motivo, las mujeres tienen un sexto sentido y sienten cuando el arrocito en bajo empieza a cocinarse lentamente. Unas miradas departe de él mientras ella mira al firmamento entre tanto toca la banda del bar (si es el caso de estar en un sitio público), y algunas sonrisas que fijamente se van endulzando con el sabor de las cervezas, serán la decisión para finiquitar o no el momento, mientras las feromonas masculinas empiezan a salir a la luz, con el fin de demostrar algo más que una buena noche y un par de cervezas.

Algo muy importante en este paso de arroz en bajo hacía prospecto, son las amigas. Si el chico en cuestión le cayó bien y le agradó a sus amigas, que por supuesto son detectoras especializadas en encontrar defectos o comportamientos extraños, a través de una charla que puede durar toda la noche, tendrá el camino asegurado.

De todas maneras tras encuentros casuales en diferentes sitios o porque no en el mismo sitio donde se vieron la primera vez, no fluyen las conversaciones y por defecto no te abrirá la puerta del taxi como lo solía hacer, no se convertirá en prospecto. Y pueda que el arrocito en bajo se convierta en el amigo con derechos de fin de semana, con tal de seguir la conexión que así sobriamente no los une, con unos tragos de más y con su compañía, gratificará los días que él no estará a su lado.

Pero si dadas las circunstancias, el destino o la vida hacen de las suyas y siguen encontrándose más fines de semana, y las cervezas tomadas más la mutua conversación y cogida de pierna hacen estragos, será el prospecto convertido en algo más que amigos sin nombres ni títulos.

¿POR QUÉ A LAS MUJERES NOS GUSTA REHABILITAR GAMINES?



Patán, sexy y con tatuajes a flor de piel, es el típico ‘gamín’ que amamos rehabilitar. Aquel que nunca nos llama, ni responde nuestras llamadas. Nos presenta como su “amiguita” delante de sus amigos, pero bajo cuerda nos hipnotiza con su masculinidad.

Ese, el que evapora seducción y cinismo, del que nunca nos aburrimos, y en el peor de los casos, nos involucramos sentimentalmente para luego salir llorando. Ese es el ‘gamín’ que amamos rehabilitar. Aquel que nos seduce con miradas, nos toca con pasión y nos vuelve locas de un día para otro.

La diferencia entre un caballero y un ‘gamín’, radica en que el primero siempre empieza con un detalle. Una rosa, una salida a cine, una tarjeta y varias llamadas en el día, hasta que conquista nuestro corazón. El ‘gamín’ no. Empieza de atrás hacia adelante. Prefiere conquistar nuestro oído para luego meternos en la cama, y termina con una llamada al mes siguiente, esperando otra vez vernos dispuestas a seguir con su juego. Por este mismo hecho, el caballero debería ser siempre la primera opción, pero es aquí en donde nuestro instinto de gata salvaje, sale a la luz y preferimos tener una aventura con este hombre alto, guapo y barbado.

Cuando conocemos un hombre de buena familia, caballeroso y hasta inteligente que nos abre la puerta del taxi, nos invita a cenar y nos lleva a la casa, inmediatamente nos sentimos atraídas por las mil y una cualidades que este sujeto pueda tener, y hasta imagínarnos una vida con él con perro incluido. La gran diferencia del hombre caballeroso con el “gamín”, es que al último no le gusta la monotonía, es arriesgado y no repite los mismos sitios.

Y no es que el “gamín” sea el típico hombre con el pelo largo y jeans ajustados, lo que pasa es que este tipo de hombre visualmente nos llama la atención por su sexy estilo y por su modo de vida, atrayendo a cualquier mujer así únicamente diga “No va a pasar nada de lo que tú no quieres que pase”.

Ese tipo de hombre, que te conquista no contestándote las llamadas, ignorándote por Facebook y, en el peor de los casos, si estás en una fiesta o tienes amigos en común hace como si no te conociera, te parece más sexy aún. Y tú, aún dadas las circunstancias piensas que por lo tanto, no te vio, no se enteró de tus llamadas perdidas y que por supuesto, está ocupado “trabajando” y no pudo verte.

Lo peor de todo esto es que las mujeres también somos masoquistas. Nos gusta que nos hagan esperar y sean rogados. Pero ojo, el rehabilitar gamines no es esperar a que el man te llame seis meses después, o que se vean cuando llega de vacaciones. Rehabilitar gamines significa, sacar la gata salvaje que llevamos dentro, ponerlo todo sobre la mesa, así un mes después estemos llorando por lo que pudo ser.

Es por eso, y mujeres admitámoslo “Nos gusta rehabilitar gamines”. Soñamos con que ese hombre que nos llama todos los viernes después de la nueve de la noche, nos gaste una cena romántica, nos invite a cine y por qué no, nos presente a sus padres.

Y es verdad, todas queremos un príncipe azul, ya sea turquesa o aguamarina, porque en el fondo, queremos tener una relación seria, nos encanta el romanticismo y preferimos mil veces un hombre caballeroso y atento, que uno que sexualmente nos puede dar lo que queremos cada fin de semana.

De aquí que si estás rehabilitando un “gamín”, ten en cuenta hasta donde puedes llegar. El no involucrar sentimientos también hace parte del juego. Ten otros “amiguitos” si lo deseas, y no rehabilites gamines porque sí. Disfruta todo lo que puede darte este sujeto, y aprovecha su experiencia para futuras relaciones y noviazgos.

LO QUE NO SABEN LOS HOMBRES DE LAS MUJERES



Seguramente cuando estás saliendo con una mujer o te gusta alguien, piensas que ella te dijo toda la verdad. Y lo cierto del caso, es que las mujeres al igual que los hombres también tienen sus secretos que no siempre es conveniente decir a la hora de conocer a alguien o entablar una relación.

Con lo anterior no estoy afirmando que las mujeres son mentirosas e infieles como la mayoría de los hombres, sino que en algunos casos, situaciones o circunstancias es mejor no comentar ciertas cosas, para obtener el resultado deseado cuando se está con la persona que te gusta.

Si hablamos sobre las redes sociales, en especial Facebook, ella colocará una foto con luz incluida tal cual como amanecer en verano, con perfil de rostro a medio mostrar. El secreto es que esa fotografía es la 1.005 que se ha tomado para subir a Facebook. Cabe aclarar que no falta la descripción del proceso para llegar a la foto adecuada. Los ‘sesemil’ ángulos, caras y poses que una mujer puede hacer para salir perfecta en una foto no tienen nombre, sin notar que está sola en una habitación a las doce de la noche un día en semana. Entre las más reconocidas están, la típica cara del ‘Duck Face’, y la pose en diagonal con la mano en la cabeza.

Es ahí cuando el hombre entra en acción y se percata de tal “estructural” foto y comenta con los amigos, sobre lo “buena” o “linda” que esta la chica. No contando con el hecho de que se esfuerzan con las mil y un maneras de posar en frente de una cámara, para lucir perfectas.

A las mujeres les gusta usar maquillaje, y con esto no me refiero a las “toneladas” o “litros” de sombra que puedan tener. Cabe aclarar que no falta la ‘guisa’ que se pone todo el polvo en la cara con tal de parecer un ‘pandebono’ recién horneado. El secreto del maquillaje consiste en disimular las “pequeñas imperfecciones” que las mujeres tienen al levantarse. Porque ojo, ellas no se levantan como sirenita de Disney, también son seres humanos y al igual que los hombres, las lagañas y el aliento de lobo feroz las invade a viva voz.

Otro de los secretos y el más importante de las mujeres, es la escena de celos que hacen los hombres. Las mujeres de por sí, utilizan la psicología inversa para sentirse halagadas. Cuando celas a una mujer, por lo general ella te dice, “¿Por qué estás celoso?, No tengo nada con él. Ni al caso, eso ya es pasado, confía en mí”.

Lo interesante aquí, es que por dentro ellas quieren decir es, “¡Me celó, le dan celos, qué bonito! Te hubieras golpeado con él para demostrarme aún más que me quieres”.

No hay nada más hermoso en un hombre que los celos. A las mujeres les encanta que las celen y que demuestren su amor hacía ellas mediante una discusión en donde ellas tienen la razón, y al final de cuentas los hombres terminan por acceder a que están en lo cierto.

Algo que ocultan muchas mujeres es la verdad sobre lo que sucedió con su ex pareja. Nunca van a oir a una mujer decir “Yo duré seis meses con mi exnovio. La verdad era una relación increíble, pero yo le puse los cachos. Entonces quedó dolido y terminamos. Mi ‘ex exnovio’, me buscó pero no le hice caso. Por consiguiente, ¿Quieres ser mi novio?. Eso jamás va a salir de la boca de ella, porque lo que quiere, si está con alguien que verdaderamente le gusta, es hacerlo sentir bien, y ocultar todas aquellas cosas que puedan herir los frágiles sentimientos del hombre, para que, en un futuro, no estén recalcando las relaciones anteriores por una pelea que no tiene nada que ver.

Dadas las circunstancias, lo anterior también pasa con los hombres. Un hombre nunca dirá, “Si, yo estuve con esta vieja, y con esta y después me 'entuké' a la hermana de ella”. Es como si hombre o mujer, quisieran guardar ese nuevo tesoro que encontraron para darlo todo y no volver a repetir la misma historia. Porque, hey! …Tanto mujeres como hombres son diferentes, y no se puede dar lo mismo que en relaciones pasadas con alguien que estas saliendo y que verdaderamente te gusta.

Por último, y un secreto muy cursi, es que hay que admitir que a las mujeres les encanta el chocolate, las rosas y las cartas de amor así tengan 30 años. Para nadie es un secreto que al intentar conquistar o seducir a una mujer que realmente vale la pena, se deben incluir las frases románticas y la llevada hasta la casa, así sean las dos de la madrugada.

El secreto radica en que algunas mujeres se hacen las “duras” o “difíciles” para no demostrar sus sentimientos a todo pulmón, en donde por el contrario, se desviven y mueren por los pequeños detalles y las llamadas a la madrugada o el típico, “cuelga tú, ¡no!.. cuelga tú”, sin nombrar que ese mismo día están contándole a su amiga más cercana lo que opina de lo que le pasó esa noche con el chico en cuestión.

Así que ya saben hombres. Las mujeres al igual que ustedes también tienen secretos que son para bien. No cualquiera quiere arruinar algo que puede volverse un cuento de hadas y una bonita relación. Mujer que se respete siempre se da su lugar, y por más tragada que esté, nunca lo va a demostrar a menos que el hombre dé el primer paso.