4 abr 2016

Una noche

Generalmente cuando conocemos a una persona, empezamos a hablar un día de seguido, otro si, y otro no, y así sucesivamente hasta pasar la semana. 

Esta persona la conocí un día martes o miércoles, no me acuerdo bien. El tipo es "El tipo".  Es decir, ha trabajado en más de 4 empresas importantes en este país, tiene un BMW, y por si fuera poco está como quiere. Entre sus hobbies está, viajar, hacer vida social, comer rico y tomarse un whisky cada fin de semana.

Los días pasaron y fuimos hablando poco a poco, pero al mismo tiempo mi autoestima no me dejaba ir más allá, ya que yo tenía la idea de que el tipo en cuestión no se fijaría en mi por el simple hecho de medir 1.50 y él 1.83... Cosa que es una estupidez.

Más de una vez me repitió que quería alguien con quien hablar hasta la madrugada, reír, abrazar, besar, todas esas cosas cursis que también nos gusta a las mujeres. El chiste es que tomé una actitud fría, dura, seca, para demostrarle que no me importaba y que no iba a pasar nada entre los dos, porque la verdad me mentalizaba que el man no se fijaría en mi... en fin!

Cuando nos vimos, fue tal cual me lo imaginé... un papacito completo. No tiene el mejor cuerpo del mundo, pero es un hombre atractivo, un caballero en todo el sentido de la palabra, y por si fuera poco tiene unas facciones encantadoras, pero una mirada que esconde una ternura inigualable. Pero como lo imaginaba en mi mente, la química no era la misma que cuando hablábamos por whatsaap...

Y es que tu sientes cuando las cosas no van a funcionar, por eso no le metes mente, y te haces la idea que no hay nada.. pero cuando ves a esa persona cambian las cosas y estás así o más tragada que la primera vez que te habló.

El punto aquí, es que la cita iba de mal en peor. No había conversación que fluyera, no había feeling, no había nada... Así que le dije que pidiera la cuenta, que estaba aburrida que me llevara a mi casa, y así lo hizo.

Cuando llegamos a la portería de mi apartamento, me despedí de él, le agradecí por todo y claramente le dí un beso en al mejilla. Pero el tipo en cuestión de la nada me tomó del brazo y me besó. No pude detener el beso porque también quería, deseaba estar con el, que me besará, de hecho noches atrás me había masturbado pensando en él.

En menos de 5 minutos el tenía sus manos en mis pantalones, estábamos al frente de la portería de mi apartamento y yo no dejaba de gemir, la adrenalina y las ganas eran indescriptibles. Al cabo de 10 minutos estaba encima de él, empujando hacia atrás con el manubrio mirándolo a los ojos, cogiéndolo del cuello, besándolo, dentro de él..

Un taxi con las luces prendidas se interpuso en medio de nuestro deseo y le dije que nos fuéramos a otro sitio más seguro y un poco más solos, y accedió. Cuando llegamos a esa calle sin salida, puso el freno de mano y apagó el carro. Y empezamos de nuevo. Caricias salidas de sus dedos sobre mi interior ardían dentro de mi, no quería que parara, esos besos eran indescriptibles, y nuevamente estaba dentro de mi.

Aterricé, y me pasé para el otro asiento de adelante. Le dije que no quería estar así con él, que me llevara a mi casa. Y así fue. No sé qué me pasó por la mente a esa hora de la madrugada, era la primera vez que lo hacía. Y subió conmigo, a sabiendas de que no podía entrar su lujoso carro a mi apartamento, porque no había espacio en el parqueadero.

Cuando estuvimos en el asensor, me puso contra la pared, sentía su sexo rosando mi pantalón en medio de esa adrenalina mientras estás subiendo en un elevador hacía un cuarto piso a la una de la madrugada. Entramos, y me tiro en la cama, y me empezó hacerme sexo oral. Tengo que decir que usa esa lengua maravillosamente. Me tocaba de una forma espectacular, sus movimientos y la yema de su lengua de arriba hacía abajo sobre mi clítoris era como estar en el cielo, mientras yo lo cogía duro del pelo. Quería que entrará ya, que me lo hiciera ya, pero se tomo su tiempo.

Lo hicimos interrumpidamente tres veces, de las cuales quise, y digo quise porque quería ser una mujer diferente con un hombre diferente que experimenta y se deja llevar. Fui una puta, gemí, lo mordí, y hasta me moví como nunca. Era increíble tener a una persona con 1.83 metros de altura encima tuyo, cuando tu mides 1.50. Sus movimientos, sus besos, su respiración, todo, todo me excitaba, era un fantasía hacerlo con alguien así.

Lamentablemente en el sexo debe haber química y como la química se vive, era poca la que había entre los dos. Pero las ganas de estar juntos era mayor que todo lo demás. De todas maneras, no lo juzgo, porque yo tampoco me entregue por completo.

Puedo decir que nuestro ego jugó a nuestro favor, y que pese a eso no se pudo concretar una segunda cita. Pero me queda la tranquilidad que pude cumplir una de mis mayores fantasías. Estar con alguien tres veces más alto que yo, alguien que puede ser un partidazo por su experiencia laboral, su gran físico y su excelente nobleza que me mostró cuando me besaba, pero que al fin y al cabo sabes que será alguien de una sola noche.

Desde aquel día no hemos vuelto hablar, y espero que así sea. Me queda la sensación de haber vivido lo que hice, el momento, el deseo, y la plenitud de haberlo disfrutado hasta el último momento.