Las mujeres generalmente no tienen arroces en bajos, pavos o amiguitas clandestinas como los hombres. Si se llega a tener uno de estos, es porque a la mujer le gusta y existe la posibilidad de tener algo con él, en un futuro.
Es por eso que cuando salimos a una cita con alguien, llámese salir a comer, tomar algo o simplemente a conversar en un sitio público, existirán una serie de pruebas, conversaciones y demás cosas que las mujeres emplearan, para detectar si él es adecuado o no.
En cierta situación de la vida las mujeres eligen estar con una persona que puede ser denominada como el “Arrocito en bajo”, que en ocasiones se vuelve gratificante o desinteresante, parecido al plato que vas a comer en la cena, pero que después te das cuenta que solo sirve para volverlo a calentar, o en el peor de los casos regalar a alguien que no tiene nada que comer. De todas maneras, si después de cierto tiempo, este arroz en bajo se estabiliza y combina perfectamente con todos tus planes y la vida que llevas en el momento, es el indicado para intentarlo.
Si una mujer es prevenida, seguramente ella pondrá una que otra trampa cual juego de Mario Bros, hasta llegar a la torre donde se encuentra la princesa para rescatarla. Esta serie de pruebas, atajos y saltos con Yoshi incluido, será la clave para saber si sabe escalar y atravesar todo tipo de obstáculos, a fin de conquistar su corazón.
Por supuesto ella experimentará toda clase de alegría y emoción cual zoológico en su estomago, pero al mismo tiempo sentirá miedo de volver a vivir tristezas de meses o años anteriores. Por lo cual, como cualquier mujer que marca territorio, llevará al límite esa conversación o cita, y ocultará las ganas de abrazar y besar a esa persona mientras le habla, sin demostrar desinterés e indiferencia con tal de analizar todas las posibilidades que tiene con el arrocito en bajo.
Por algún motivo, las mujeres tienen un sexto sentido y sienten cuando el arrocito en bajo empieza a cocinarse lentamente. Unas miradas departe de él mientras ella mira al firmamento entre tanto toca la banda del bar (si es el caso de estar en un sitio público), y algunas sonrisas que fijamente se van endulzando con el sabor de las cervezas, serán la decisión para finiquitar o no el momento, mientras las feromonas masculinas empiezan a salir a la luz, con el fin de demostrar algo más que una buena noche y un par de cervezas.
Algo muy importante en este paso de arroz en bajo hacía prospecto, son las amigas. Si el chico en cuestión le cayó bien y le agradó a sus amigas, que por supuesto son detectoras especializadas en encontrar defectos o comportamientos extraños, a través de una charla que puede durar toda la noche, tendrá el camino asegurado.
De todas maneras tras encuentros casuales en diferentes sitios o porque no en el mismo sitio donde se vieron la primera vez, no fluyen las conversaciones y por defecto no te abrirá la puerta del taxi como lo solía hacer, no se convertirá en prospecto. Y pueda que el arrocito en bajo se convierta en el amigo con derechos de fin de semana, con tal de seguir la conexión que así sobriamente no los une, con unos tragos de más y con su compañía, gratificará los días que él no estará a su lado.
Pero si dadas las circunstancias, el destino o la vida hacen de las suyas y siguen encontrándose más fines de semana, y las cervezas tomadas más la mutua conversación y cogida de pierna hacen estragos, será el prospecto convertido en algo más que amigos sin nombres ni títulos.

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